
Por Carlos Alberto Santa María Goicochea
Cuántas veces, amigo lector, le ha sucedido que circulando por las calles de nuestra ciudad un día laborable, a una hora de congestión vehicular, usted se encuentra de improviso con un grupo de niños de jardín, o escolares de primaria o secundaria, o incluso universitarios, caminando por las pistas trujillanas vistiendo coloridos disfraces o portando llamativos carteles, tratando de comunicar algunos temas al público como que ese día es el aniversario de la escuelita, o que hay que apoyar la lucha contra las drogas, o que se debe proteger la ecología del planeta, o que no se debe fumar cigarrillos, o que es el cumpleaños de la directora del plantel, etc.
E incluso ver, aunque parezca increíble, que son apoyados por los policías de tránsito que se esmeran en cerrar el paso a los automóviles provocando una gran congestión, para que estos niños o jóvenes puedan invadir impunemente las pistas de la ciudad en las horas de mayor tránsito. ¿No era que la policía debe hacer justamente lo contrario, es decir, lograr que el tránsito vehicular sea más fluido evitando las interrupciones y congestiones?
Y algo más grave: llevar niños a caminar por las pistas a horas de mucho tráfico vehicular ¡es exponerlos al peligro de ser atropellados!
Esta mala costumbre está muy arraigada en nuestra ciudad y ya es hora de prohibirla, incluso sancionando severamente a los responsables. Es que, utilizar las calles interrumpiendo la fluidez del tránsito vehicular y provocando grandes embotellamientos, ¿no es acaso pasar por encima del derecho de los demás?
Una situación de irrespeto similar es, por ejemplo, estacionar un automóvil encima de las veredas o sobre los pasos peatonales interrumpiendo el paso de los transeúntes, o arrojar basura a la calle ensuciándola, o poner música a todo volumen alterando la tranquilidad de los vecinos, o colocar material de construcción en las veredas obligando al peatón a caminar por la pista, o detener el taxi o el microbús para recoger pasajeros en cualquier parte de la calle obstruyendo el tránsito de los demás vehículos, o circular en bicicleta por la vereda, etc. ¿Qué tal si la policía de tránsito se encargara también de proteger estas faltas?
Aceptando y promoviendo esta mala costumbre en las escuelas o centros educativos, se está educando a nuestros jóvenes en base a antivalores, es decir en este caso, a que no es importante el respeto del derecho de los demás, respeto que es el principio básico de una sociedad que se precie de ser “civilizada” o “culta”, como los trujillanos nos preciamos de ser.
No nos debe extrañar, entonces, que cuando esos estudiantes sean mayores consideren que también tienen derecho de estacionar su vehículo en las veredas o sobre los pasos peatonales, arrojar basura en la calle, poner música a todo volumen, detener su taxi o microbús en cualquier sitio de la pista, circular en bicicleta por las veredas, etc. (“Si de estudiante podía generar el caos en la ciudad ocupando a mi antojo las calles con el apoyo de la policía de tránsito, entonces… ¿por qué ahora de adulto no podría hacer lo otro?&rdquo
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De corregir estas pequeñas cosas depende, en mucho, que algún día seamos realmente una ciudad moderna, y que los turistas que vienen de países más desarrollados no se queden boquiabiertos al ver las costumbres casi tribales que aún existen en nuestra sociedad.
Trujillo, 13 de noviembre del 2011
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