
Dr. Juan Huamán Saavedra
A continuación reproducimos dos poemas tomados del libro "Rastros y rostros del dolor y la esperanza" del autor Dr. Juan Huamán Saavedra, destacado profesional de la medicina en Trujillo. En ellos el Dr. Huamán hace una semblanza de dos connotados médicos del entonces Instituto Peruano de Seguridad Social, hoy Essalud, Dres. Edmundo Paredes Pacheco y Marco Diestra Sandoval. Esta interesante obra está prologada por el escritor liberteño Dr. Saniel Lozano Alvarado.(*)
Don Edmundo
Junto a tu cuerpo ya sin vida, en medio del dolor que a todos nos inunda; en esta incurable herida de tu partida sin regreso, te agradecemos por tu vida aquí entregada.
En este hospital entregaste los mejores años de tu vida; Medicina, en sus ambientes vetustos, fue la silenciosa testigo de tu entrega con ciencia y paciencia de buen médico, serenidad de caballero, gentileza y servicio sin medida.
Don Edmundo, docente universitario, hombre de ciencia y experiencia, pertinaz buscador de la salud de sus pacientes, animador del diagnóstico oportuno, supervisor del tratamiento adecuado, siempre pendiente de todos los detalles para salvar tantas vidas.
Hasta que un mal insalvable terminó con su él, por lo que en esta hora final de la vida terrena, cuando las lágrimas pugnan por derramarse y las oraciones inundan el cielo, afirmamos la esperanza de encontrarnos allá, en la eternidad.
En los ambientes de este hospital, al que tanto quisiste, seguirás viviendo con tu gentil presencia. Por eso, permítenos decirnos sólo por un momento adiós, hasta nuestro postrer encuentro, allá donde la primavera debe ser eterna.
Trujillo, 27 de mayo de 1993
(*) El Dr. Paredes Pacheco laboró como médico Jefe del Servicio de Medicina del Hospital "Víctor Lazarte Echegaray" y Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Trujillo.
A Marco, en la eternidad
Hoy, a tu lado reunidos, nos tienes a todos compungidos, con el corazón quebrantado por el dolor de despedirte como amigo, Marco.
Médico quisiste ser y con tu trabajo a un sinfín de pacientes conservaste la vida. Cirujano dela Facultad de Medicina, cumpliste con ciencia tu misión. Las propias salas de operaciones pueden hablar de tu labor infatigable entre bisturíes, pinzas y gasas.
Un día, en este mismo hospital supiste de tu enfermedad: una atroz leucemia te consumía. Con gran serenidad quisiste afrontarla: todos fuimos testigos de tu entereza y espìritu de lucha. viste en el transplante la esperanza y a él te lanzaste con todas tus fuerzas. Tu alegría y buen humor, que siempre te distinguieron, jamás te abandonaron en ese desigual desafío.
Te fuiste a Lima en busca de alivio; retornabas a tus controles siempre con alegría. Un cierto transplante en tierra hispana a todos nos tuvo pendientes; miles de deseos atravesaron el Atlántico. Tú, apuntaste al todo o nada. Te jugaste la vida como buen deportista, pero la muerte, con sus garras implacables, quiso llevarte de esta tierra a la que tanto amaste.
Hoy, ante tu féretro, en el silencio de nuestras penas, déjanos decirte con quebranto que te tendremos muy presente como amigo, compañero de trabajo y del deporte, como padre y como médico dispuesto a servir a la vida.
En medio de esta lacerante herida, creemos que vivirás en este hospital y que tu recuerdo vivirá con la frescura del remanso de nuestro afecto.
Trujillo, 27 de mayo de 1993
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