La TV, la niñez y la juventud
(Por: Gerardo Alegría Bazán)
La niñez y la juventud es -o debiera ser- la preocupación principal de la familia, de la escuela, de la universidad, de las instituciones públicas y privadas, de la comunidad, del país, del mundo en general.
Hablar de niñez y juventud debiera ser hablar de esperanza, de futuro, de plena realización, de fruto limpio y maduro. Debiera ser hablar de la arcilla que nosotros los adultos debiéramos saber moldear para que se torne en la obra de arte que necesitamos perentoriamente para asegurar el progreso, la salud mental y material de nuestros pueblos. Y esto sólo se consigue con entereza, con sumo cuidado, con crianza responsable, con dedicación ejemplar.
Pero qué otra cosa hacemos sino desperdiciar esa arcilla; qué estamos ofreciendo a la niñez y a la juventud sino un mundo eternamente en crisis donde los valores morales han perdido total vigencia y la familia va dejando de ser el grupo sólido y congruente que siempre fue.
En la escuela y en la universidad no se enseña ya más, educación cívica ni buenos modales, ni respeto a sí mismos ni a los demás. Los padres, llenos de problemas económicos, sociales o políticos, están siempre muy ocupados para intentar un diálogo con los hijos y, por último: ¿Educar yo?... ¿No se paga a la escuela para eso?
Si no la única, la gran culpable es la TV, este maravilloso invento del siglo XX que, pudiendo ser el gran motivador y masificador del arte, la cultura y el sano esparcimiento en el mundo, sólo ha conseguido a la postre desintegrar literalmente a la familia, no hay ni diálogo, ni cambio de ideas entre padres e hijos, porque todos están absortos ante esa pantalla mágica que ha venido a soslayar hasta el saludo, a remplazar la tertulia familiar, el espacio en que los padres podían educar a los hijos, jugar con ellos, escucharlos, discutir sus problemas y encontrarles solución, ponerlos en el camino de su propia realización.
El niño o el joven ya no se da cuenta cuando llega el padre al hogar, decir "buenas tardes papá" le hace perder el hilo del infundio que está viendo. Si la mamá los manda a hacer algo, protestan ¡ Mamááá... pero si estoy viendo mi tele, cómo me mandas pues!!!?
Sin negar que hay programas culturales y educativos de alta calidad, se ven en la tele tantos mamotretos que sólo sirven para confundir al espectador más avisado, muerte, violencia y sexo a todo dar, y esos "talk shows" donde se tratan con una desfachatez que asombra, diz que "problemas de la familia" incongruentes, crudos, morbosos, violentos, que no abonan en nada a la educación y son un verdadero escarnio a la cultura.
Y lo raro es que, casi todos esos programas, son dirigidos por mujeres. ¿Serán madres de familia, digo yo? ¿Las verán sus hijos en la pantalla? Vaya Ud. a saberlo, pero es sórdido verlas moderar programas donde se habla, por ejemplo, de la importancia del tamaño del sexo masculino y otras sandeces que para qué comentar.
Ni qué hablar de los programas humorísticos, todos son de una vulgaridad apabullante, groseros hasta decir ¡basta!!!
Pareciera que esos programas tienen tal audiencia -"rating" que le dicen- que no hay una sola emisora de TV. nacional que no tenga uno o más a las horas punta. Hay que abonar, hay que explotar, hay que sacar provecho de la vulgaridad y la incultura... mejor ahondarla, rinde dividendos... "El sexo vende", se oye en la TV. ¿Para qué educar?... No es negocio... No tiene "rating"...
El chisme, el raje "sin pelos en la lengua", "pese a quien le pese"; el “calembour” morboso, el sexo y la violencia son pues el plato fuerte del día, donde, además, se usa a la mujer en la forma más descomedida: mujeres casi desnudas promocionan cervezas, entre las cuales "la titular" es la más desfachatada y cuyos movimientos lindan con la obscenidad. Ahora mismo están pasando, a cualquier hora, un avance de una película que muestra escenas de aberraciones sexuales de una crudeza inaudita. Pornografía pura.
Aturdidos y aleccionados por esos programas, salen las pandillas callejeras que asolan los barrios marginales a cometer toda laya de estropicios, pichones de delincuentes de esos que matan a un taxista para robarle 50 soles, o a un cambista para robarle unos dólares; de allí salen también esos niños que en EEUU. matan a sus maestros y compañeros de estudios porque la ley no les prohíbe tener un arma de fuego en las manos y porque tienen, en cambio, un "héroe" a quien imitar, que miran y admiran a toda hora en la TV.
So pretexto de la libertad de expresión y de prensa, se cometen tantos atentados contra la cultura, la moral y la buenas costumbres que, si ven los chicos, les parece muy natural no respetar a sus padres, holgazanear, meterse en las drogas o la violencia. No escuchan consejos de nadie, que no sea de la gran maestra TV., son libres ellos, no estudian, no trabajan, no colaboran en el hogar. Vemos así perplejos, como se pierden generaciones enteras de jóvenes que confunden el camino, porque sus padres no supieron o no pudieron poner coto a tal desperdicio, a tal desenfreno aprendido en la TV. , la gran maestra, repito, donde la delincuencia tiene una escuela ideal para sus fechorías, ahí aprenden las mil y una formas de engañar, de asaltar, de ultrajar, de matar a la gente; y para los adolescentes es más "héroe" aquél que logra burlar mejor la ley, al menos así se los presenta la TV. (Una madre mata a gente a diestra y siniestra, la absuelven porque tiene cara de "no matar una mosca" y sus hijos lo celebran.
¿Qué hacer entonces ante este drama tan lacerante? A esta altura no debe faltar ya alguien que me esté tachando de conventual, retrógrada o mojigato, ese alguien -que no debe ser padre- profesa el liberalismo a ultranza, la libertad absoluta, sin cortapisas, convertida en libertinaje -es la corriente actual- pero si el gobierno no quiere o no puede poner coto a tamaño despropósito -que destruye tanto o más que la droga- habrá que hacer una severa invocación a los padres para que asuman, con responsabilidad y amor la impostergable tarea de amparar, de proteger, de defender a los hijos de esta terrible andanada de incultura, de violencia, de sexo y otros males con que nos agrede la TV. día a día. ¡Qué tarea más noble sería si Ud, nos defendiera de este flagelo Señor Defensor del Pueblo!
Gerardo Alegría Bazán
Trujillo, 12 de agosto de 1998
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