PREGONES TRUJILLANOS
De principios del Siglo XX
Autora: Edelmira Lizarzaburu
De los pregones de otrora
ya nada queda en Trujillo,
se fue el pregón, tan sencillo,
de la alegre vendedora;
y lo añoramos ahora
porque, aunque raro parezca,
la nota más pintoresca
fueron los proveedores,
de aquellos señores
en la ciudad quijotesca.
No existía el mercado,
pero ni falta que hacía:
la vendedora traía
hasta la casa el recado.
Desde Huanchaco el pescado
llevaban las huanchaqueras.
Mansicheras, mocheras,
las de Virú y Paiján,
de Santiago y de Huamán,
tenían ya sus caseras.
Vestían con discreción
sus negras y amplias faldas,
un gran paño a las espaldas
que cubría el camisón;
más parecía un blusón
lleno de tiras bordadas;
todas las chinas bronceadas
largos aretes usaban,
con una flor se adornaban
y en "piajeno" iban montadas.
Tenían gracia y lisura,
sobre el piajeno cargado,
con el cántaro pesado,
más la alfalfa y la verdura,
¡era todo una figura!
¡el mejor cuadro pintado!
Dominaban el mercado
las simpáticas mocheras,
que eran siempre las primeras
con la leche y el recado.
¡La leche...mi caserita,
frejolito mantecoso,
está rico y bien sabroso;
la alfalfa...lentejitas,
llevo caiguas... alverjitas
ricos tumbos, pomarosas,
bien rosadas y olorosas...!
Y salían las caseras
en sus batas mañaneras
elegantes, primorosas.
Eran gente buena y leal,
siempre de buenas maneras
atendían a sus caseras
por centavo, medio o real.
En Trujillo señorial,
las campanas, los pregones,
el rodar de carretones;
los gallos con su cantar
llegaban a despertar
hasta a los más dormilones.
La graciosa huanchaquera
pregonaba su pescado:
¡corvina, tollo, lenguado,
aquí le traigo, casera,
hay todo lo que usted quiera,
machetes, sardinas, locos,
caballas, pulpos, ancocos,
viña, lorna, roncador,
conchitas... pá mi señor,
cangrejos ya quedan pocos!
Y era todo un alboroto
de las gentes que vendían
y entre ellas competían:
¡Huayabas... ají rocoto!
cirguelas... a real el poto,
aquí está la rica humita.
tamales... mi caserita!
¡Aquí mi niña he traído,
maní tostado y cocido,
le daré con su yapita!
Ya nunca más se escuchó
pregonar la causa en lapa;
Candelaria, negra guapa
se fue y su pregón llevó.
En el recuerdo quedó
dulce como una plegaria:
¡Causita e’ñá Candelariaaaaa...
con su gracia y su lisura
fue la negra una figura
en la calle solitaria.
Trujillo tiene hoy mercado,
el pregón se ha extinguido
y se ha echado al olvido
ya todo está muy cambiado.
Para comprar el recado
el pobre consumidor
debe pedir, por favor,
Y si en comprar pone empeño,
el vendedor frunce el ceño
con aires de gran señor.
EDELMIRA LIZARZABURU
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