lunes, 29 de mayo de 2006
¿ Compañero yo ?

¿Compañero, yo?

Por Hugo Guerra

Apoyar al Apra debe hacernos acreedores del triunfo electoral y supervisores de un gobierno obligado a ser democrático y exitoso.

No, querido lector. No me he afiliado al partido de la estrella, ni tampoco intento acomodarme ahora que el aprismo está puntero en las encuestas.

Pero, seguramente, igual que usted, he venido preguntándome qué hacer, cómo votar ante la disyuntiva de favorecer a Ollanta Humala o a Alan García.

Pues bien, he aquí la reflexión que me induce a darle mi voto al Apra: Después de tantos años de violencia estructural en el Perú, no estoy dispuesto a contribuir al proyecto humalista que azuza, so pretexto del nacionalismo, la lucha de clases, el enfrentamiento étnico y la refundación totalmente errática de nuestra república.

No quiero que en nuestra patria se reedite el modelo descarriado del chavismo venezolano y del evismo boliviano. Apostar por Ollanta sería avalar proyectos mesiánicos que implican reelecciones indefinidas y formas dictatoriales que utilizan el proceso electoral como forma indirecta de golpe del Estado.

Tampoco quiero que el Perú, después de tanta experiencia amarga, regrese a un modelo populista y socializante como el velascato. La ineficiencia del Estado megalómano, sumada a la voluntad tiránica de falsos caudillos, termina por arruinar las arcas fiscales, generar más miseria al pueblo y ocultarse tras la eliminación de las libertades fundamentales, la censura de la prensa y la violación constante de los derechos humanos.

No creo en la temeridad de apostar por un candidato sobre quien penden gravísimas denuncias por violación de derechos humanos y complicidad con el montesinismo.

Entre tanto, cuidado, votar por Alan García no es convertirse en disciplinados compañeros. Tampoco es emitir un cheque en blanco.

Pesa sobre esta decisión la memoria de un gobierno desastroso y la prevención ante un sectarismo anterior que fue causa de tanto enfrentamiento. Sin embargo, creo que el mundo ha cambiado, que ahora sería imposible intentar disparates como la estatización de la banca o la política del no pago de la deuda externa. Creo, también, que el Apra ha cambiado moderando su ideología y con la emergencia de líderes democráticos que se hacen contrapeso como Jorge del Castillo y Mauricio Mulder.

Se trata, asimismo, de un partido que se mueve dentro de la Constitución. En cuanto a García, hace dos años nos dijo personalmente que había cambiado, que no estaba dispuesto a cometer los mismos errores; y que necesitaba convocar a no apristas porque en su partido no existen los cuadros suficientes para administrar el país.

Quiero --y ojalá no peque de ingenuo--, confiar en esa declaración, recordándole que tiene tres deudas: con él mismo para no pasar mal a la historia, con su partido (que quedaría herido de muerte con otro fracaso) y con el país que hoy cifra en él la esperanza democrática.

El Apra, entendamos bien, solo tiene un 25% propio de electores. Por tanto, prestarle hoy nuestro voto debe ponernos en la posición de ser los acreedores de un posible triunfo y también de ser los exigentes supervisores de un gobierno que está 'condenado' a ser absolutamente democrático y exitoso. ¿Y usted qué piensa, buen lector?

Comentarios