lunes, 06 de febrero de 2006
(Envio de María Paredes )

Por el Rev. Martín N. Añorga

Hace unas tardes una jovencita enamorada, creyendo que
yo, por viejo, lo sé todo, me preguntó por qué cuando
se quiere enviar besos por correo se escriben los
signos "xoxo's". Me llamó la atención el hecho de que,
en efecto, hay cosas que decimos y que hacemos sin que
jamás sepamos sus orígenes. De aquí este sencillo
artículo, en el que pretendemos "descubrir" las
historias que hay detrás de algunas expresiones que
comúnmente usamos.

Increíblemente, la costumbre de escribir "x's" al
finalizar nuestras cartas para simbolizar besos, nos
viene de prácticas legales en tiempo del medioevo. Con
el propósito de indicar buena fe y honestidad, el
signo de San Andrés se colocaba al pie de la firma de
un documento. El signo era parecido a nuestra "x" de
hoy.

Los contratos y convenios no eran considerados
legalmente válidos a menos que se añadiera la cruz de
San Andrés a la firma de los interesados. Entonces era
requerido que se besara tal cruz para garantizar la
fidelidad con que se cumpliría lo acordado.

Al correr los siglos el origen de la ceremonia cayó en
el olvido. Las personas conservaron, sin embargo, la
práctica del beso sobre la cruz, y dejaron atrás la
idea de la legalidad documental.

La palabra guillotina hoy día la usamos en sentido
figurado; pero no por eso su origen deja de ser
interesante. Existe la leyenda de que la guillotina,
esa sofisticada máquina de matar, lleva el nombre de
su supuesto inventor, el Dr. Joseph Guillotin, el que
de forma irónica, según reza la leyenda, terminó su
vida siendo decapitado por el corte feroz de la
afilada hoja de acero que le cercenó el cuello.

Lo cierto, sin embargo, es que la guillotina fue el
invento de un tal Dr. Louis, algo que despertó el
interés del mencionado Dr. Guillotin, que estimó que
la máquina era una forma de aplicar la muerte a los
condenados de una forma rápida e indolora, y se
convirtió en un ferviente defensor de la misma. Le fue
inevitable, a pesar de sus objeciones, que el público
identificara la máquina de ejecución con su propio
nombre.

Cuando Guillotin murió en 1814 mientras dormía, sus
hijos acudieron a las Cortes para que se cancelara el
uso de su nombre relacionado con la mortífera máquina.
El esfuerzo no funcionó.

Todos conocemos la palabra boicot, forma españolizada
del término Boycott en inglés. El origen de este
término es también muy interesante.

La escasez de las cosechas en Irlanda, alrededor del
año 1865 produjo eventualmente la fatal hambruna de
los años 1880 y 1881. Miles de afectados sufrieron una
devastadora debacle financiera, a pesar de lo cual
hicieron promesas de pagar sus deudas de forma parcial
hasta que lograran recuperarse de las pérdidas
sufridas.

Los dueños de los terrenos aceptaron la oferta, con la
excepción de un terrateniente llamado Erne que
instruyó a sus agentes que exigieran a los campesinos
el pago total de sus adeudos, advirtiéndoles que
serían despojados de su tierra si no cumplieren con la
demanda. Uno de los empleados, el Capitán Boycott, fue
extremadamente rudo y cruel en su trato con los
campesinos. Consecuentemente éstos se organizaron y
decidieron no entregar sus cosechas e ignorar al
arrogante emisario.

De esta famosa confrontación la palabra boicot entró
en nuestro idioma para definir a los que se nieguen a
mantener lazos comerciales o comunicación alguna con
determinadas personas o entidades.

El vocablo "asesino", que usamos para identificar a
alguien que mata a mansalva a un semejante, es el
resultado de una lucha de perfil religioso.

A finales del siglo onceno, desalentados los
mahometanos por sus fracasados intentos de desalojar a
los cristianos de la Tierra Santa, un criminal persa
organizó una feroz banda de criminales, los que
establecieron cuarteles en diversos lugares del Asia
Menor. Su celo por el crimen les llevó a atacar no
solamente a los extranjeros, pero también a los
nativos, incluidos los príncipes, sultanes y califas.
Por cerca de dos siglos estos forajidos sembraron el
terror en esa porción del mundo.

Un elaborado ritual practicado por estos malvados
incluía el consumo de una bebida altamente intoxicante
que era llamada hashashin, y los que la usaron fueron
llamados los hashashins. Con ligeros cambios
ortográficos los Cruzados acuñaron el término
"asesinos" para identificar a los malvados que
esparcían la muerte a diestro y siniestro.

¿Quién no ha acudido, de vez en cuando a una pastilla
de aspirina?. Pues bien, esta familiar palabra fue
acuñada en Alemania en el siglo XIX, siendo una
versión condensada del término acetylierte spirsdure,
una sustancia química de la cual hoy conocemos el
derivado "ácido salicílico". El nombre de aspirina
proviene de spiraea, una planta de la familia de las
rosas que sirve de base para la fórmula química del
recurrido analgésico.

El vocablo finanza, de tanto uso hoy día, tiene sus
orígenes en el siglo XIV y sencillamente proviene del
latín finis que textualmente significa "terminar", en
referencia a la cancelación final de una deuda o de un
contrato en el que se especifica la obligación de
pagos a plazo definido.

La fuente inmediata de nuestro vocablo la hallamos en
el francés antiguo finance, un derivado del verbo
finer, terminar, concluir o cumplir. La palabra en su
acepción actual se remonta al siglo dieciocho.

Voy a terminar refiriéndome a un término muy en uso
hoy día: bancarrota, cuyo origen, si ciertas son las
fuentes consultadas, es verdaderamente interesante.

Durante los siglos doce y trece la república de
Venecia era el centro comercial del mundo. Naves de
todas las procedencias anclaban en su puerto y los
Cruzados utilizaban la ciudad como paso obligado de
sus viajes, de ida y de regreso, a la Tierra Santa.
Como resultado de estos hechos, en la famosa Plaza de
San Marcos se aglomeraban los establecimientos de
cambios de moneda.

Estos establecimientos consistían en bancos, (de aquí
el origen de nuestros bancos de hoy), en los que se
apilaban las monedas de diferente procedencia y valor.
Cuando uno de estos comerciantes sufría pérdidas
irreparables y se veía precisado a clausurar su
negocio, era la costumbre que destruyera el banco que
le servía de mostrador para su mercancía.

Los acreedores sabían de la imposibilidad de cobrar
sus deudas cuando llegaban a un deudor que tenía una
banca rotta, (un banco destrozado). A partir de aquí
el término bancarrota hizo su entrada a nuestro idioma
para definir a los que se hacen insolventes por la
imposibilidad de cumplir con sus obligaciones
financieras.
Publicado por centinelatrujillano @ 13:04
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