Enviado por laind-elsatlector
Diálogo en el umbral de la conciencia
DANIEL SHOER ROTHE
El Nuevo Herald
Querida Conciencia:
Ahora que el embriagante jolgorio del cambio de ciclo ha dado paso a la reflexión del primer día del Año Nuevo, te pregunto: ¿Por qué el sendero de la vida me ha traído a donde estoy? ¿Qué he hecho bien y en qué he errado? ¿Cómo se ve el reflejo de mi alma en tu espejo?
Aclárame por qué tropecé de nuevo con los obstáculos que me hicieron caer en el pasado, distrayéndome del verdadero sentido que tiene estar presente; cegándome de los tesoros que guardo sin saberlo. Explícame por qué la negatividad que se infiltra por un poro, se disemina por el resto del cuerpo en un abrir y cerrar de ojos.
En el año que se despide, me acompañaste por un enmarañado laberinto que pretendió apagar la llama de ilusión que llevo por dentro. En mi brío de hacerle frente a tu hermano silente, el inconsciente, me afligí al darme cuenta de que no fuiste lo suficientemente capaz de ayudarme a entenderme plenamente.
Cierto, gracias a ti comprobé una vez más que después de la tempestad sale el sol. Y ese sol que se asoma al horizonte es más brillante que antes; sus rayos despiertan mis sueños con mayor pasión.
Pequé de pesimista cuando el sufrimiento y la incertidumbre desplomaron mi ánimo. Pero me convenciste a tiempo de aquel concepto que una vez trajiste a mi pensamiento: ``Cuando te sientas atrapado en un valle, realmente te encontrarás al pie de una colina...''.
Para avanzar en la vida, hay que saltar, y para saltar, hay que agacharse a tomar impulso. Ya lo sé, mientras más alto deseas que llegue, más bajo esperas que me incline.
Sé que auguras lo mejor para mí, y por eso te agradezco, pero algunas veces olvidas que estoy hecho de carne y hueso. Eres implacable con mis faltas, y no permites que celebre mis triunfos, pues siempre esperas algo más.
En este año que se estrena, quiero que me ayudes a dejar plasmado cómo puedo ser un mejor individuo; a trazar una estrategia para que logre ser más feliz; a buscar alimentar mi mente con sabiduría y bendecir mi alma con paz.
Ese bosquejo interior será el punto de partida para que el 2006 no pase desapercibido en el calendario de mi existencia.
Cualquiera que haya sido tu actitud ante la vida, ante mí y ante otros, en el año que pasa al álbum de tus memorias, hoy se te presenta la oportunidad de aceptar mis errores, y de transfigurarlos en herramientas que serán de uso a la hora de reparar mis fallas.
Recuerda en este Año Nuevo que tus disyuntivas sólo las puedes solventar conmigo, mediante la introspección, el diálogo, la aceptación de mi persona y la valoración de mis emociones.
Te ruego que me apoyes con paciencia cuando intente enarbolar la justicia, la tolerancia, la compasión, la lealtad y la integridad. Te imploro para que estés conmigo a la hora de descubrir el verdadero amor.
Sé que estás alegre porque cada año me ves crecer y fortalecerme. Sientes nostalgia porque cada año que pasa es un año menos que me queda. Aplaudes con orgullo porque sabes que logré concretar ciertas metas pese a la adversidad que me ha tocado superar.
Querida Conciencia, aprovecho para confesarte que a pesar de las quejas que te tengo, te quiero. Y para agradecer tu fidelidad, refresco tu inspiración con estás líneas presuntamente anónimas que han sido dignas de tu admiración:
Una noche soñé que caminaba a lo largo de una playa acompañado por Dios.
Durante la caminata muchas escenas de mi vida fueron proyectándose en la pantalla del cielo.
Según iba pasando cada una de esas escenas, notaba que unas huellas se formaban en la arena.
A veces aparecían dos pares de huellas, otras solamente aparecía un par de ellas.
Esto me preocupó grandemente porque pude notar que durante las escenas que reflejaban etapas tristes en mi vida, cuando me hallaba sufriendo de angustias, penas o derrotas, solamente podía ver un par de huellas en la arena.
Entonces le dije a Dios: ``Señor, tú me prometiste que caminarías siempre a mi lado. Pero he notado que en los momentos más difíciles de mi vida sólo había un par de huellas en la arena ¿Por qué cuando más te necesitaba no estuviste caminando a mi lado?''.
Y el Señor me respondió: ``Las veces que has visto sólo un par de huellas en la arena, hijo mío... ha sido cuando te he llevado en mis brazos''.
dshoer@elnuevoherald.com